Yo
no quisiera volver
a enamorarme
ni dejar el corazón
entre sus lazos
en esos ojos que
miran sin mirarme
ni arrullarme en
el halago de sus
brazos.
Con
esos labios que
sonríen sin
la vida
de ese pelo alborotado
en su cabeza
y la pose que realza
distinguida
todo el porte que
engrandece su belleza.
Más,
donde hay amor ya
no hay cabeza
ni luz ni armonía
que rija el pensamiento
y el corazón
se derrumba en su
entereza.
Así,
pues, dejaré
al albedrío
mi destino
que como aire huracanado
del desierto
quizá me
lleve galopando
a un desatino.