Vive Dios que me espanta su simpleza
y en tal perplejidad usted me deja,
que no puedo por menos, admirar su queja
pues es, falta de sinceridad y de nobleza.

Mírese mi buen señor en un espejo,
y seguro que verá a poco que se fije
la desnudez que hoy a su alma aflige
pues del alma, la silueta es fiel reflejo.

Y déjese de incordiar vidas ajenas
que el criticar a barullo a nada llega,
cómase solo sus envidias y sus penas.

Sin cometer el error de trasmitirlas,
que los demás con las nuestras ya tenemos
la mente y el corazón para sentirlas.