De los agricultores del bajo Almanzora, al Todopoderoso Dios de los cielos:

¡Oh! Señor misericordioso, Rey indiscutible y omnipotente de todos los mundos que pululan en el universo de tu inmenso poder. Escucha nuestra plegaria de socorro ¡Oh! Altísimo misericordioso y clemente Dios nuestro, que habitas en la morada celestial de tu invicta gloria. Desde la luz de tu trono derrama sobre estos tus hijos, la gracia de tu bondad en forma de agua líquida, para que nuestro pantano se colme con ese don; don que Tu altísimo Padre nuestro creaste para que a través de su gracia y consuelo venga a nosotros sustentando nuestros campos como generoso maná, haciendo con él la dicha de nuestro bienestar y sustento. Durante muchos milenios, Tú fuiste generoso con las tierras que forman este pequeño rincón de Tu reino, y con esa generosidad en forma de agua dabas vida y prosperidad a los hombres que en ella habitaban, pero de un tiempo a esta parte tu intercesión ha disminuido considerablemente de una forma drástica, y de tal manera, que la poca agua que nos toca en el reparto, por algún defecto de los canales del cielo nos cae toda de golpe, arruinando más que favoreciendo nuestros campos. Hasta hace muy poco tiempo esta destructiva cantidad de agua se perdía a través de nuestro río y afluentes en la inmensidad del mar, pero hoy gracias a nuestra ingenuidad, hemos construido una enorme presa logrando de ese modo retenerlas empantanadas, para después consumirlas con arreglo a las necesidades de nuestra tierra, que dicho sea de paso, es despensa y orgullo de nuestra región. Pero he aquí que nuestro orgullo se convierte en desaliento al ver que en nuestro pantano no queda agua, por lo que nuestras tierras comienzan a padecer su ausencia, y nuestras hortalizas el tormento de la sed; viniendo a padecer nosotros el desasosiego y la angustia de ver cómo nuestras cosechas se van perdiendo por falta del líquido elemento. ¿Pero qué podemos decirte Altísimo Padre que Tú ya no sepas?, si en tu infinito poder y sabiduría sabes ya de nuestras carencias, de la necesidad de nuestras tierras y el mal vivir nuestro. Es por eso que te pedimos con toda la humildad de nuestros corazones que atiendas nuestras súplicas, que te apiades de estos tus hijos que sufren en este valle de amarga sequía. Intercede Señor para que las aguas del Ebro y el Negratin lleguen hasta nosotros sin que ningún mal pensamiento de aquellos que nos la dan enturbie su cristalina claridad, y así, con ese regalo de buenos hermanos poder remediar en parte la sed que ahoga nuestros campos, y acongoja nuestros corazones.

Respuesta del cielo a los agricultores del Almanzora

Almanzorenses, hijos míos: ha llegado hasta Mí vuestra súplica, y como amantísimo Padre, he estudiado vuestra situación de manera muy especial, por lo que voy a detallaros las razones por las que la lluvia, forma natural de conseguir agua, no es muy generosa con vuestra región, aunque si usarais el razonamiento, esto lo sabríais sin necesidad de que Yo os lo explicara, pero como soy Amantísimo Padre para vosotros, y me lo pedís con la fe que caracteriza a los buenos hijos, os lo diré como mejor pueda para que entre en vuestro revuelto entendimiento. En un principio mandé a mi amado hijo para explicar con su viva presencia a los hombres de la tierra estas cosas, pero ellos no entendieron, ni quisieron entender el porqué desde la potestad del cielo se hacen o se dejan de hacer estas cosas; y aunque quedó escrito el mensaje de su palabra, hoy, después de tantos años vosotros tampoco habéis asimilado nada de sus enseñanzas, de los deberes, obligaciones y privilegios para conmigo, que al cumplirlos, sería el bienestar de vosotros mismos. Antes bien, lo acomodáis todo a vuestros intereses, no regateáis esfuerzos para que vuestra hipocresía aparezca como bondad. No os conformáis con lo que os da la naturaleza, que como todas las cosas de este mundo está regida por mí y si Yo la hice así, nadie tiene potestad para cambiarla sin mi consentimiento. Pensar hijos míos, que esos conatos de soberbia y rebelión, solo hacen empeorar vuestra situación. Acordaros de Adán y Eva, del diluvio universal, de Sodoma y Gomorra, y tantos y tantos casos más, que para enumerarlos aquí haría falta mucho papel y mucho tiempo; pero que si leéis con devoción mi voluntad en la palabra escrita de mi Hijo, lo entenderéis perfectamente. Quiero que penséis, que como amantísimo hijos míos que sois, no puedo castigaros por esta falta como antaño castigué a los otros, porque estáis bajo la protección directa de mi Hijo, pero aunque vosotros en vuestra ignorancia creáis que no tiene importancia, si la tiene, ¡y mucha! Habéis de saber que el mundo en que vivís está configurado como una cadena, no hay nada por raro o pequeño que sea, que no forme parte de sus eslabones, nada está hecho al azar, si una de sus piezas se rompe, o cambia, todo su conjunto acusará su fallo. Pensar por un momento que a este ordenador con el que estoy escribiendo esta respuesta a vuestra súplica, le quitáramos la tecla de la coma; a buen seguro que más de uno de vosotros se diría: ¡va! ¿Qué es la insignificancia de una coma en un aparato tan perfecto como éste, capaz de hacer mil y una operaciones con la rapidez de la luz? Pues esa insignificante coma hijos míos, sería lo suficientemente grande como para que esta máquina tan perfecta dejara de hacer la función para la que fue construida, puesto que ninguna escritura ni cálculo podría hacerse sin ella, por lo que semejante ingenio del poder de la mente que Yo puse en la humanidad, sería completamente inútil sin la insignificante coma. No quisiera que esto que os digo lo tomarais como reproche duro, porque os lo digo como advertencia blanda. En un tiempo no muy lejano, la lluvia en vuestra región no era mucha, pero sí lo suficiente, y debido a ello no era rico en abundancia el fruto de la tierra, pero sí en calidad. Vuestros productos eran más sanos, más dulces y sabrosos que en ningún otro sitio, por lo que se compensaba cantidad por calidad, siendo ese el punto que os igualaba con los demás, pero en vuestro quimérico afán de tener más, pensasteis que si manteníais la calidad aumentando la cantidad, las ganancias por lógica serían mayores. Y como cuando el ingenio humano busca, encuentra, se encontró con un pantano que daba de beber a sus cosechas sin necesidad de la lluvia, que si bien es buena para las plantas, es mala para los frutos, en especial el tomate y la lechuga. Fue entonces cuando guiados por el desatino, empezasteis a pensar desde vuestros corazones en controlar y neutralizar la lluvia que generosamente el cielo os enviaba. Y saber que desde mi enorme pesar por esta decisión vuestra, dejé cumplirse el deseo de vuestros corazones, por lo que puse al alcance de vuestras manos el remedio para conseguirlo, (1) queriendo con este proceder que vosotros mismos os dierais cuenta del grave error que supone ir en contra de la naturaleza que Yo creé.

(1) Aquí nos referimos a los productos químicos con los que las avionetas, según la voz de los pequeños agricultores destruyen las nubes, convirtiendo este quimérico sentir de unos pocos, en una realidad popular.

Pensar bien hijos míos, que al atentar contra de las leyes biológicas establecidas desde el principio del principio estáis yendo en contra de lo establecido por Mí; y después contra vuestros hermanos que no tienen la suerte de dedicarse al cultivo de tomates y lechugas, ya que sin el agua de la lluvia sus tierras se convierten en unos eriales con la consiguiente muerte de toda vegetación. Se secan las fuentes y los pueblos mueren de sed, toda clase de calamidades se ciernen sobre todos, ellos y vosotros. Hicisteis mis buenos hijos, un embalse con una capacidad por encima de los 150 hectómetros de agua, que para regar las 6,000 hectáreas de terreno aproximadas que en un principio teníais eran más que suficientes para satisfacer sus necesidades. Después aumentasteis en más del doble; estáis aumentando otro tanto, y tenéis un proyecto del doble de la suma de todos estos aumentos para cuando llegue el agua de los dos trasvases en proyecto, y de la desaladora de Carboneras. No penséis queridos hijos, que este cariñoso reproche es una ciega reprimenda, que con ella quisiera criticar o no estar de acuerdo con vuestras ansias de superación, sino todo lo contrario. ¿Qué padre no estaría orgulloso de la capacidad emprendedora de sus hijos, de su ingenio y su trabajo? Lo que me asusta y entristece hijos míos, es que esta capacidad de ingenio se haga pasando por encima de los derechos e intereses de vuestros hermanos, y de lo que Yo creé. Que solo haya en vuestro entendimiento el afán de ser los únicos. Por un lado me pedís agua, y por otro, deseáis que no llueva. Comprender hijos míos que estáis fuera de los cauces naturales, y que no puedo ir en contra de lo que Yo mismo creé, no puedo romper la columna vertebral de mi obra, soltando la cadena con la que se sujeta toda su estructura. ¿Habéis estudiado con justa igualdad el paso del agua del Negratin por las tierras de vuestros hermanos del alto Almanzora? Porque como bien sabéis, debido a su orografía y a su clima, son menos productivas y rentables que las vuestras, por lo que si dividís los gastos y costes del agua a partes iguales, nos resultará una suma que sería imposible de pagar por ellos, por la sencilla razón, de que el agua valdría más de lo que esa tierra produciría, viniendo a ser como consecuencia lógica de esto, que toda el agua sería para el bajo Almanzora, que aunque ésta pase por las tierras altas, y tengan en teoría los mismos derechos a su uso que vosotros, ésta sería intocable para ellos. Pero eso es un juego inocente comparado con la mala idea de trasegar a vuestro acueducto la poco agua de la parte alta del valle que en el reparto del cielo les corresponde a vuestros hermanos, no solo la de los acuíferos naturales sino también la que discurre por el lecho del Río, así como la del subsuelo. ¿Os habéis parado a pensar las graves consecuencias que eso acarrearía? Desaparecería la humedad relativa de la tierra y la del aire, y como consecuencia aumentaría la temperatura ahogando la poca vegetación que aún queda en este exótico rincón de mi reino, y en muy pocos años lo que ahora es un pequeño Edén, se transformaría en un nuevo Sahara; y como consecuencia de esta acción todos los pueblos que habitan esta región sucumbirían. ¡Pero os lo advierto! ¡Que si esto es así! ¡Yo no lo voy a consentir! Y avisaré a vuestros hermanos que habitan aquellas tierras, para que con mi justicia y su razón se opongan a propósitos tan indignos como inhumanos. Por todas estas sutilezas, y fallos de rigor en vuestra súplica, así como falta de entendimiento para conmigo, y mi ley, os ruego que meditéis con el peso de vuestra conciencia y la voz de vuestro corazón, y una vez llegado a una conclusión; me lo hagáis saber para remediar en lo posible los males que hoy os aquejan, y en una justa equidad, Yo quede honrado por vuestro buen hacer, y vosotros satisfechos de mi generosidad. Vuestro siempre, desde el gozo más hondo de mi razón, como buenos hijos que sois...