¡Santísimo
y señor mío!
quién pudiera
tenerte
en las claras aguas
del río
para gozarte y comerte.
Quién
pudiera ser el dueño
de tu bañador
sin tela,
quién pudiera
ser el sueño
que en la noche
te desvela.
Y
como sueño
despierto,
soñar que
yo soy tu amante
hasta beberme tu
aliento,
con el ansia de
adorarte.
Y
en un abrazo muy
fuerte
sentir tu sangre
correr
como el agua de
una fuente
desbordando tu placer
Más,
vana ilusión
la mía,
que por ti sueño
despierto,
y tengo una larga
agonía
por no tener lo
que siento.