Como eres bien que despistadilla que eres, y qué faltica de palos tienes. Claro que puse el nombre del hotel, pero fue por si alguien me hacía una visita. Figúrate mi compañía, tres hermanas y una cuñada, pero ojo, no me quejo. Venga, ve y relee otra vez a ver si lo ves dónde está puesto el nombre del hotel. En cuanto a volver allí no me espantaría, ya que estuve en sitios peores a todo lo largo y ancho de mi vida. Se te caería la baba si yo te contara.

Pues mira tú por donde amigo ermitaño, que allí no ocurría eso que cuentas del mal comportamiento de la gente en todos los sentidos que tú dices. El comportamiento era correcto, tanto en la mesa como en la convivencia entre nosotros, y eso que estábamos de todas las naciones de España; aparte de alemanes, franceses, italianos y un interminable etcétera. Como contra partida te diré que todo esos desmadres que tú cuentas, y mucho más, lo hacían los jóvenes, y en particular los italianos, se llenaban el plato hasta las heces, tiraban las servilletas al suelo fumaban con el mayor de los descaros, hasta escupían en el suelo; unas voces a altas horas de la noche. En fin, un desastre de juventud.

Os contare una anécdota de uno de ellos: una noche uno se puso a bailar y como llevaba unos vaqueros algo anchos y no se los sujetaba con nada, porque no usaba correa los pantalones se le bajaban y como los calzoncillos eran una especie de tangas el tío enseñaba los carrillos del culo que a mismo de la música se le contoneaban con cierta gracia para las mujeres, que no sé por qué en esos casos siempre les da por reírse. Seguro que si había por allí un marica esa noche se puso morao.