Estoy
esperando, sentado,
inerme,
por que mi amor,
en pie no quiere
verme,
yo le digo que es
imposible esperar
tanto,
y ella me contesta
con sonrisa al canto:
quiero un amor limpio,
sosegado y puro,
prefiero esperar
aunque sea duro;
ser amada sin ningún
perjuicio,
amar sin perder
la dignidad y el
juicio.
Yo le respondo pensativo
y triste
que en estos tiempos,
eso no existe,
que un amor tan
tierno y recatado
solo es cosa del
ayer y del pasado,
¡que hoy la
cosa es más
sencilla!
ella me responde
con ilusión
de chiquilla:
que no quiero, que
no me da la gana,
que yo no quiero
ser una fulana,
y así, entre
refriega y refriega
se pasa el día
¡sin reinar
entre nosotros la
armonía!
Sin llegar a la
cuestión
de ser felices,
y mucho menos comernos
las perdices.