Yo
tengo un nomo conmigo
pequeño y
muy juguetón,
sabroso como un
melón
dulce, tierno como
un amigo.
Anda
entre barrancos
perdido
buscando a la sazón
la cueva
donde a sus anchas
se mueva
en brazos del gran
cupido.
Piensa
reposar en el nido,
de semejante abertura,
piensa gozar la
angostura
hasta quedarse dormido.
Y
al despertar sudoroso
de sueño
tan relajante
pagar a la dueña
amante
con un beso esplendoroso.
Nunca
se paga del todo
favores tan elogiados,
nunca serán
bien pagados
si no es de ese
fino modo.
La
placidez de un beso,
el halago de un
te quiero
con la dulzura del
cielo
que mucho sabe de
eso.