Se
sienta en su ventanal
como una reina en
su trono,
hablando sin ton
ni sono
a quien la quiere
escuchar.
Y
sin tregua ni reposo
cuenta que Dios
y los hombres
hablan de cosas
tan nobles,
cómo es el
cielo de hermoso.
De
castillos encantados,
con tan hermosos
jardines,
que entre rosas
y jazmines
vuelan su aroma
mezclados.
Y
en su palabra inocente
nace un río
cristalino,
que mana como divino
de su alma trasparente.
Y
en su inocente candor
hay un caballero
andante
que cuenta como
un gigante
deshace la piedra
en dos.
Cuenta
en la misma historia,
que en esa piedra
excavado
hay un palacio dorado
nacido de su memoria.