Quisiera ser yo el último
de los hidalgos caballeros,
extinguidos por el tiempo,
de larga daga y rocín zopenco,
porque como a una Dulcinea,
rindiérate mis respetos,
que aunque fueran desatinos,
nacidos del corazón serían.
OH, Dulcinea de estos tiempos
regia gran reina y señora.
de caballeros andantes
en aventuras sin tregua.
Siento yo, mi gran señora,
no hayan en estos tiempos
los caballeros galantes
para rendirles un lance,
brindándoles sus requiebros,
y si los cielos lo quieren
yo retaré a malandrines
a batirse lanza en ristre,
si no deshace el entuerto
pidiendo os mil perdones,
por tal ofensa, señora,
de no haberos amado antes.